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Casablanca en la XII Bienal de La Habana

Casablanca en la XII Bienal de La Habana


Cruzo la bahía en la lanchita, transporte regular que une las dos orillas de la gran bolsa de mar en cuyas profundidades, dicen algunos, yacen tesoros del tiempo de la colonia. Hoy va la lanchita inusualmente llena, con pasajeros también distintos de los habituales. Hay franceses, austriacos, latinos, cubanos también, claro, y muchas cámaras que van, desde ya, documentando el corto viaje.
Al desembarcar nos recibe una explanada en la cual se exponen al visitante setenta y dos sillas plegables de madera y tela sobre la cual hay impresos hermosos diseños, obra de la chilena Guisela Munita. Durante largo rato nadie osa sentarse en ellas, bien porque el sol aun pica fuerte, bien porque habituados a la manera tradicional de relación público -obra de arte, esta nos parece inviolable. Luego de pasada la sorpresa inicial, algún irreverente decide desplomarse, gafas en ristre, sobre una de ellas para hacerse una foto. Y cuando la tarde comienza a convertirse en noche, ya son disputadas las sillas por los visitantes de pies cansados, tras el paseo por el pueblo convertido todo él en sala de exposiciones.

Lo más notable al primer golpe de vista es el antiguo vagón del tren de Hershey, tren eléctrico que forma parte, para bien y para mal, de las tradiciones de Casablanca. Cuando llegamos, aún no está abierto al público, por lo que decido explorar un poco la recién pintada terminal que esta tórrida tarde no abriga a su sombra a quienes desean viajar en el tren, camino de Matanzas, sino a un heterogéneo grupo de artistas, pueblerinos y curiosos que quieren saber quién es el señor bajito, de blanca camisa y chaqueta negra, alrededor del cual se amontonan los reporteros. Entonces, y solo entonces, veo, escucho y comprendo. Se trata de Daniel Buren, el reconocido artista conceptual francés que ha querido poner su marca de este lado de la bahía y nos deja una terminal a rayas, recuerdo de su paso por la Isla.

Frente a la terminal, un parquecito, y en él, con una imprenta portátil, jóvenes mexicanos representantes del proyecto itinerante “La Curtiduría”, ofrecen de modo gratuito pequeños grabados sobre papel. La iniciativa tiene éxito. Los adultos traen camisetas, para imprimir en ellas su recuerdo de la Bienal. Les dicen que demorará varios días en secar y que no es la mejor forma de hacerlo. Insisten, los complacen, se van contentos. Lo mismo que los niños, de torsos desnudos por el calor, que consiguen les impriman las cuadradas imágenes sobre la piel y las exhiben como trofeos. Colina arriba, el gran parque del pueblo es dominado por la instalación de Mauricio Abad, joven artista cubano con quien nos detenemos a conversar. “Monumento funerario, Gamers OK”, que así se llama su obra, refleja en tiempo real las bajas virtuales sufridas entre la comunidad de Gamers de Cuba, que reúne a alrededor de quince mil jugadores de videojuegos.

Nos saca de la conversación con Mauricio, el bullicio de la comparsa, que ha estado preparándose ante nuestros ojos, con bailarines y músicos, con jóvenes travestidos en inmensas mulatas de gigantes cabezas de atrezzo, con pancarta que la identifica como “Los componedores de Bateas”. Detrás de la comparsa se van pueblo y visitantes, bailando y riendo por las calles de Casablanca.
Más tarde habrá inauguración oficial con discursos y agradecimientos, pero me la pierdo porque ando subiendo por la escalera que lleva hasta el Cristo de La Habana en busca de nuevas obras y artistas. La escalera serpentea entre las casas, casi parte de ellas, y desde la altura pueden verse, sentados en los techos, los casablanqueños disfrutando del ir y venir de los visitantes y de la hermosa puesta de sol sobre la bahía.

Veinticinco proyectos artísticos componen la propuesta de la Bienal en Casablanca de artistas cubanos y foráneos con instalaciones, intervenciones, pinturas murales, audiovisuales, performances, esculturas, proyectos comunitarios. En medio de la calle, y a voz en cuello se vende, como pan caliente, la edición piloto del periódico local “La Voz de Casablanca” que renace después de setenta años de silencio. Agotada, me siento a leerlo y a beber agua en el interior del antiguo vagón del tren de Hershey, ya abierto al público como parte del trabajo del proyecto cultural AI&P (Arte, Industria y Paisaje) y disfruto de las hermosas fotos que en él se exponen.

Mientras escribo esta crónica, todavía tengo en mi cabeza los ecos de una conga auténtica cuyos tambores anunciaban el inicio de la Bienal de La Habana en esta localidad. Cuando nos unimos a la conga, sentimos un ambiente tan genuino y espontaneo que nos fuimos dejando llevar por ella, hasta que en un momento comprendimos que lo difícil sería salirse de ese júbilo en el que estaban involucrados muchos visitantes. Los vecinos sentados en los portales o asomados a los balcones, interactuaban todo el tiempo. También despertaba mucha admiración la figura de aquel líder que no permitía que decayera ni un solo instante el vigor de la percusión. Allí goza del espectáculo un público heterogéneo, de diferentes edades e intereses.

Vuelvo a cruzar la bahía como quien cruza el océano. Desde Casablanca me mira el Cristo. Hasta el 22 de junio, la Bienal yace a sus pies .

Junio 2015 Este Articulo forma parte del What’s On La Habana de junio 2015 La principal guÍa cultural y turÍstica de La Habana Descargue nuestro último número de What’s On La Habana, la guía de viajes, cultura y entretenimiento más completa acerca de todo lo que está ocurriendo en La Habana, la animada y enigmática capital de Cuba. Incluimos artículos de todas partes de Cuba escritos por los mejores autores internacionales de viajes y cultura especializados en el tema Cuba. Nuestra revista digital mensual en línea está disponible también en inglés y francés


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