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El Renacimiento de la Habana

El Renacimiento de la Habana

La restauración de la Habana Vieja ha sido elogiada internacionalmente como uno de los proyectos más innovadores y emocionantes del renacimiento urbano en el mundo, lo que resulta mucho más extraordinario debido al contexto en el que tiene lugar: la continua lucha de Cuba por imponerse como una imprescindible fuerza política y económica. Los inmensos esfuerzos que el país acomete tienen una larga historia que comenzó en el siglo XIX con una serie de cruentas guerras, en medio de las cuales los intentos por lograr la independencia de España por parte de los cubanos terminaron en la entrega de la isla en manos de los Estados Unidos de América. El yugo estadounidense se rompió en 1959 con la Revolución, pero debido a la proximidad geográfica de la isla con su “vecino del norte” resulta difícil que la influencia cese del todo. Los extranjeros que admiran la restauración de la Habana Vieja son de la opinión de que los habaneros harían bien en no olvidar esto, dado el desastre cultural que acarrearía un nuevo control de los EE.UU. sobre Cuba.

La organización encargada del renacimiento de la capital cubana es la Oficina del Historiador de la Ciudad. El puesto de Historiador de la Ciudad es un cargo tradicional en las ciudades latinoamericanas, algunas de las cuales han contado con historiadores desde el siglo XVIII. La Habana no tuvo historiador hasta principios del siglo XX, siendo hasta ese momento una ciudad en la que los gobiernos preferían vivir el momento a tener conciencia de la posteridad o tomarla en cuenta. Sin embargo, La Habana jamás ha sido bombardeada y los materiales que se usaron para erigir la mayoría de las edificaciones históricas son tan excepcionalmente fuertes que tomaría muchísimo trabajo destruirlos por completo.

No obstante, ello no implica que los grandes palacios, iglesias y mansiones de la Habana Vieja se encuentren en estado satisfactorio. A pesar de que la ciudad jamás ha sufrido ningún ataque de las fuerzas del hombre, los del tiempo han hecho estragos en el yeso, los metales, el vidrio y la madera. Las gigantescas vigas de caoba y cedro que se utilizaban en la construcción en una época en la que la isla de Cuba estaba cubierta por antiguos y espesos bosques de árboles de madera dura han sido víctimas de siglos de depredación por parte de termitas. También es común que sólo las fachadas de las antiguas edificaciones hayan quedado relativamente intactas (queda muy poco por salvar del resto de la estructura cuando los pisos se han derrumbado en el interior). En estos casos, se han realizado enormes esfuerzos para mantener en pie las fachadas y, en verdad, los equipos de restauradores de la Oficina del Historiador son expertos en apuntalar estructuras, teniendo en cuenta que hay más de 900 edificios importantes dentro de los límites de la antigua muralla de La Habana. De ellos, más de la mitad necesitan atención urgente.

Fue en la década de 1930 que se nombró al primer Historiador de La Habana. Su nombre era Emilio Roig de Leuchsenring y era un respetado historiador y escritor quien, además de sus esfuerzos por salvar la Habana Vieja y documentar detalles menos conocidos de la ciudad, escribía con regularidad para la prensa cubana. Desde su columna semanal en Social ¾revista publicada por un grupo de intelectuales para quienes la identidad cultural cubana y el nacionalismo constituían un principio rector¾ hacía observaciones irónicas y perspicaces acerca de las costumbres culturales cubanas. La función del Dr. Roig como Historiador de la Ciudad fue más defensiva que activa: pasó la mayor parte del tiempo cabildeando para evitar que políticos inescrupulosos, uno tras otro, intentaran acabar con la Habana Vieja con el objetivo de convertirla en un cruce entre Las Vegas y Disneylandia. Tuvo éxito en evitar la destrucción de la iglesia de San Francisco de Paula, pero, tristemente, fracasó en preservar la Universidad de la Habana, ubicada en el convento de San Juan de Letrán, que ocupaba una manzana completa detrás del Palacio de los Capitanes Generales (actual Museo de la Ciudad de La Habana). Roig no pudo realizar mucha labor de restauración debido a la falta de fondos, pero cuando el Gobierno Revolucionario llegó al poder en 1959, se le dio inmediata prioridad a la restauración de la Habana Vieja y se le asignó un presupuesto anual. El presupuesto no era muy grande, pero hizo posible la restauración de varias de las edificaciones más importantes del centro histórico.

Emilio Roig de Leuchsenring murió a principios de los sesenta y su asistente, el Dr. Eusebio Leal Spengler, asumió el cargo. La primera tarea de Leal fue terminar la restauración del Palacio de los Capitanes Generales. El Palacio era, sin lugar a dudas, el edificio más grande, de mayor importancia histórica y más bello de La Habana. Su restauración representó un gran desafío, entre otros aspectos, porque fue necesario ejecutar complejos estudios arqueológicos antes de que pudiera comenzarse con el trabajo, ya que parte del palacio está ubicado en el lugar que ocupaba la iglesia Parroquial Mayor. Una vez terminada la reparación de la edificación, esta se convirtió en el Museo de la Ciudad. Leal continuó con la restauración de otros edificios importantes incluyendo fortalezas, iglesias, antiguas viviendas y otros grandes palacios.

El proyecto se desarrolló de manera satisfactoria por más de dos décadas, a pesar de que nunca hubo suficiente dinero y no se progresaba con rapidez. Los visitantes continuaban comentando, con una mezcla de consternación y deleite, acerca de la plétora de ruinas que constituían el centro histórico. Sin embargo, se avecinaba un gran cambio: con el derrumbe del campo socialista, el comercio preferencial de Cuba desapareció casi de la noche a la mañana y la isla quedó sumida en el llamado “Período especial para tiempo de paz”, una crisis que implicó “apretarse el cinturón” y hacer grandes sacrificios. Los abastecimientos y servicios fueron dramáticamente reducidos, lo que puso a prueba, una vez más, el espíritu de sacrificio que siempre ha sido una constante de los cubanos.

Huelga decir que bajo dichas circunstancias hubo que cortar drásticamente el financiamiento de la restauración de la Habana Vieja. Leal, no obstante, no era del tipo de persona que se quedara de brazos cruzados viendo cómo su proyecto se iba a pique. Habiendo ya la UNESCO conferido al centro histórico de La Habana Vieja y su sistema de fortificaciones la condición de Patrimonio Mundial, el Historiador puso manos a la obra y después de muchas conversaciones y debates, se aprobó una ley que le permitía a la Oficina del Historiador de la Ciudad establecer un ala comercial, por medio de la cual podría ingresar divisas para invertirlas en el programa de restauración del centro histórico.

El proyecto se tornó entonces sumamente emocionante. Pasando de un relativo anonimato a centro de la mirada del público, Leal, con muy buenos resultados, se convirtió en los años siguientes en Director General de Habaguanex ?sociedad holding a la cual pertenecen todos los hoteles, restaurantes y organizaciones de bienes raíces de la Habana Vieja? mientras que continuaba cumpliendo con sus responsabilidades como Director del Museo de la Ciudad e Historiador de la Ciudad de La Habana. La Oficina emplea actualmente a más de siete mil personas que se ocupan de todo el trabajo cultural, de restauración, comercial, constructivo y de dirección.

La década de los noventa fue testigo de una transformación absoluta en el corazón del centro histórico, así como de grandes cambios en la periferia. Desde el comienzo, Leal dejó bien claro que no sería solamente una restauración física de los inmuebles, creando una Habana Vieja desinfectada y embellecida para el disfrute de los turistas, robándole así el alma a la ciudad y convirtiéndola en un pueblo fantasma durante la temporada turística baja. La frase clave que se utilizó para describir el proyecto fue “restauración integral”, queriendo decir que la restauración de la Habana Vieja constituiría un renacimiento en todos los aspectos de la vida de la ciudad, no sólo en las piedras, la madera y el yeso, sino también de sus habitantes como parte fundamental que son de la ciudad.

El resurgir de la vida cultural de la Habana Vieja ha ocupado desde el inicio uno de los primeros lugares en la lista de prioridades de la Oficina del Historiador de la Ciudad. El centro histórico está repleto de iglesias, algunas aún funcionando, otras que fueron desactivadas a finales del siglo XIX y principios del XX cuando se les dio otros usos, lo que usualmente implicaba daños a la estructura física de dichos edificios. Tres de ellos fueron restaurados y constituyen hoy importantes salas de conciertos. La basílica menor de San Francisco de Asís, que se erige en la Plaza de San Francisco, fue en sus orígenes una iglesia contigua al monasterio desde donde se coordinaba toda la actividad misionera de los franciscanos en el continente sudamericano. En 1762, los invasores británicos se apoderaron de ella para practicar el protestantismo y después de desactivada, se utilizó sucesivamente como almacén de aduanas, oficina de correos y cámara frigorífica. Durante un huracán a mediados del siglo XIX, perdió su famoso crucero y cúpula y fue otra de las desoladas estructuras sobre las que la Oficina del Historiador de la Ciudad volcó toda su energía y atención.

Luego de una meticulosa restauración durante la cual hubo que retirar de la iglesia una gigantesca cámara frigorífica de concreto, se reabrió la basílica menor como una de las salas de conciertos más grandes de la Habana Vieja. Con una acústica magnífica y un ambiente climatizado en toda la sala, el público que asiste a los excelentes conciertos de música de cámara, conciertos corales y recitales de piano los sábados en la noche puede reflexionar acerca del elegante ascetismo de la construcción mientras escucha a los más prestigiosos intérpretes cubanos y extranjeros de música clásica. La Basílica está estrechamente relacionada con la iglesia de San Francisco de Paula, que se erige al final de la Alameda de Paula, dominando la bahía. La Alameda solía ser uno de los principales paseos y Eusebio Leal tiene la intención de devolverle su belleza de antaño eliminando los antiestéticos restos de los viejos embarcaderos que yacen ante ella y restaurando su ornamental estatuaria clásica de hierro forjado. La iglesia fue el lugar de ensayo escogido por Ars Longa, el grupo de música antigua de la Oficina del Historiador de la Ciudad, y desde allí coordinan el Festival Internacional de Música Antigua de La Habana.

A estas dos salas de conciertos se les sumó recientemente la iglesia de San Felipe Neri, un hermoso oratorio del siglo XVII convertido en un banco durante la década de 1920. En lo que respecta a su arquitectura, es una curiosa combinación de elevados espacios eclesiásticos con prosaicos detalles bancarios. No obstante, funciona perfectamente como sede para recitales y obras de teatro lírico. Su extenso escenario de madera se construyó en el área donde originalmente se encontraba el altar y debajo de este los arqueólogos descubrieron enterrada en los cimientos la piedra fundacional de la edificación y un puñado de monedas de oro y plata, que hoy se exponen dentro de una urna a un lado del escenario como testimonio de una vieja costumbre.

En la Habana Vieja no sólo se rejuvenece la música, sino también la danza; no la omnipresente salsa, de cuyos compases es virtualmente imposible escapar, sino la emocionante danza moderna que se ejecuta a lo largo de las calles y plazas del centro histórico durante el festival anual Ciudad en Movimiento. Este innovador espectáculo, concebido y organizado por la Dirección de Programación Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad, incluye grupos de baile de toda Cuba y del mundo entero, que se relevan en el espectáculo de danza que comienza en la Plaza de Armas y se esparce en todas direcciones, relacionados logísticamente por los ‘Andadores en zanco de la Habana Vieja’, cuya misión es ir y venir entre los grupos como condecoradas jirafas para dar movimiento a cada presentación, acompañados por una multitud de niños frenéticos que no paran de correr.

Equilibrar las necesidades de los turistas y los residentes resulta vital para el éxito de la restauración de la Habana Vieja. Es un área asombrosamente superpoblada de la ciudad en que muchas personas viven prácticamente en condiciones infrahumanas, incluso compartiendo instalaciones sanitarias inadecuadas; por tanto, el problema de la vivienda tiene la más alta prioridad entre los urbanistas y arquitectos de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Sin embargo, muy poco puede construirse sin los ingresos provenientes del turismo. Es por ello que las instalaciones deben destinarse a los turistas, pero sólo a aquellos que sean capaces de disfrutar y respetar el entorno. Todos los hoteles del centro histórico han sido habilitados en edificios antiguos de excepcional interés histórico y arquitectónico y todos resultan encantadores. Tal vez el más encantador de todos sea el hotel Santa Isabel, antiguo Palacio de los Condes de Santovenia, en la Plaza de Armas. Con una vista incomparable de la arboleda de la Plaza de Armas, el hotel ha sido escogido como alojamiento por dignatarios, estrellas de cine, figuras de la alta sociedad, supermodelos, diplomáticos, jefes de estado y hasta ilustres clérigos.

La restauración de la Habana Vieja se está llevando a cabo sobre una base práctica en la que se restaura un pequeño grupo de edificaciones teniendo en cuenta el uso que se les dará. Luego, se transforman gradualmente los espacios entre las áreas en la medida en que el efecto renacentista se expande. Un caso interesante al respecto, actualmente en curso, es el de la esquina donde confluyen las calles Teniente Rey y Compostela, donde la restauración de la exquisita ornamentación neogótica y neoclásica de la farmacia La Reunión constituye un centro alrededor del cual gira un grupo de edificaciones que incluye una escuela (ya restaurada y abierta), tiendas (principalmente la farmacia, que vende hierbas medicinales, especias, medicinas y toda clase de suministros farmacéuticos y que también alberga un pequeño museo), una panadería, una iglesia (aún abierta para el culto aunque necesitada de una reparación urgente), un pequeño hotel (en el potencialmente bellísimo, aunque hoy en ruinas, claustro del convento de las Hermanitas de Santa Teresa) y, más importante aun, muchas casas, tanto para los residentes del área que las necesitan como para las familias que tendrán que mudarse del convento antes de que lo conviertan en hotel. A todas estas familias se les reubicará en espaciosos apartamentos producto de la transformación de las viejas oficinas que se encuentran encima de la farmacia y los edificios aledaños restaurados, además de un nuevo complejo de viviendas.

En medio de los más serios aspectos sociales del proyecto de restauración hay deliciosas dosis de frivolidad. Tal vez la más popular de ellas, inaugurada en los últimos años, es el Museo del Chocolate, donde se exponen equipos que se utilizan en la preparación de chocolate, lo que constituye un excelente pretexto para la venta de deliciosas tazas de chocolate caliente o frío y de bombones hechos en la instalación por graduados de la escuela cubana de maestros chocolateros, utilizando cacao de las montañas de Baracoa.

Mucho se ha logrado en la Habana Vieja, pero aún queda mucho por hacer y los fondos escasean. No obstante, nadie en su sano juicio recomendaría la apertura total del área a la inversión extranjera. Mientras más tiempo dure la situación actual (si bien es cierto que económicamente resulta insatisfactoria), más tiempo tendrán los cubanos para consolidar sus envidiables logros con respecto de la restauración de La Habana, fortalecer el sentido de individualidad de los habaneros y fortificar sus bastiones culturales contra el sofocante manto de la homogeneidad estadounidense que ya bate amenazadoramente en esa dirección. Como expresa la cita de Lord Byron seleccionada por Hugh Thomas para el frontispicio de su obra Cuba, la lucha por la libertad: “¡Pese a todo, la libertad! Pese a todo, la bandera, rasgada, pero ondeando, flamea como la tormenta contra el viento.”

Noviembre 2014 Este Articulo forma parte del What’s On La Habana de septiembre 2014 La principal guÍa cultural y turÍstica de La Habana Descargue nuestro último número de What’s On La Habana, la guía de viajes, cultura y entretenimiento más completa acerca de todo lo que está ocurriendo en La Habana, la animada y enigmática capital de Cuba. Incluimos artículos de todas partes de Cuba escritos por los mejores autores internacionales de viajes y cultura especializados en el tema Cuba. Nuestra revista digital mensual en línea está disponible también en inglés y francés


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