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García Márquez todavía me acompaña

García  Márquez todavía me acompaña

No sé quién se hizo de un ejemplar de la novela, y fue tanta la expectativa creada, que decidimos entre todas que una de nosotras leyera, mientras las otras ensartaban no solo las hojas correspondientes a cada cual, sino también las de la “lectora”, que nos mantenía en vilo con las peripecias de no sé cuantas generaciones de los Buendía. Gracias a aquella singular lectura, descubrimos que también la literatura y los escritores podían ser de América Latina, y nos abrió el camino a la persecución y disfrute de los textos de Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Mario Benedetti, y hasta devoramos la producción de Alejo Carpentier, que a pesar de ser cubano, no estaba entre nuestros preferidos.

Memorizamos el inolvidable primer párrafo: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”, y aprendimos con García Márquez que la realidad americana se podía contar con fantasía y magia, pero como si fuera costumbrismo cotidiano. Comenzamos a identificar leyendas y personajes con un nivel tan objetivo de referencias vividas, que parecía que el escritor colombiano estaba también con nosotros, acompañándonos en nuestras vidas. Pensábamos que resultaba imposible superar una verosimilitud tan precisa con tantos ingredientes fantásticos, sin que pareciera ficción literaria, sino una de las historias contadas por las abuelas.

Busqué más obras de García Márquez y leí sus relatos, la noveleta El coronel no tiene quien le escriba, las narraciones de Macondo La hojarasca y La mala hora; disfruté el suspenso, la insuperable descripción, el humor y la crudeza de la Crónica de una muerte anunciada; participé de la polémica sobre la novela histórica El general en su laberinto, que a muchos sorprendió y hasta molestó por desacralizar a Bolívar, un héroe que la historia oficial había alejado de las personas comunes; me estremecí con esa fábula de la soledad del poder que es El otoño del patriarca

El entonces joven periodista Gabriel García Márquez, llegó a la Isla después del triunfo de la Revolución para trabajar en la recién creada agencia de noticias Prensa Latina; aquí conoció a Fidel y al Che, y ha declarado que su relación con el líder cubano se basaba fundamentalmente en conversaciones sobre literatura, era una “amistad intelectual”; sin embargo, es evidente que su amistad con Fidel fue más allá de intereses culturales comunes, y se basó en principios éticos y simpatías políticas afines, al punto de que vivió, no hace tantos años, la emocionante y extraña aventura de ser una especie de enlace entre el Comandante y el presidente William Clinton, en diligencias súper secretas.

El novelista colombiano, un amante del audiovisual, contribuyó de manera esencial a la fundación de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños y la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, no solo con su influencia y poder de convocatoria, sino con su entrega personal, pues impartió cursos en la Escuela relacionados con el guion cinematográfico. Su relación con Cuba no se limitó a instituciones culturales como el ICAIC y la Casa de las Américas, sino a compartir su amistad con muchos intelectuales y artistas, así como con otras personas de un pueblo que comenzó a llamarlo Gabo, como sus íntimos, con toda naturalidad.    

Yo creía que el Gabo, después de Cien años de soledad, no podría sacudirnos como lo hizo en nuestra juventud; sin embargo, en 1986 se publicó en Cuba El amor en los tiempos del cólera, y no solo participé en la cola más larga de mi vida para comprar un libro, una fila que le daba la vuelta a la manzana del Palacio del Segundo Cabo, sino que volví a memorizar fragmentos completos de una novela, entre los cuales sigue siendo mi preferido aquel que nos recuerda que “el corazón tiene más cuartos que una casa de putas”.

Aunque el final de Gabriel García Márquez fue una muerte anunciada, me sorprendió y dolió como el de un familiar. Tuve un arranque egoísta: “Ya no esperaré algo nuevo suyo para leer”, pero me consuela pensar que cada relectura me deparará nuevos descubrimientos, y me hará revivir aquellos felices y juveniles días, cuando en una casa de tabaco, una tarde remota, el Gabo me llevó a conocer la literatura latinoamericana. 

Enero 2015 Este Articulo forma parte del What’s On La Habana de Enero 2015 La principal guÍa cultural y turÍstica de La Habana Descargue nuestro último número de What’s On La Habana, la guía de viajes, cultura y entretenimiento más completa acerca de todo lo que está ocurriendo en La Habana, la animada y enigmática capital de Cuba. Incluimos artículos de todas partes de Cuba escritos por los mejores autores internacionales de viajes y cultura especializados en el tema Cuba. Nuestra revista digital mensual en línea está disponible también en inglés y francés


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