Cuba's digital destination

¿Qué hay detrás del muro…?

¿Qué hay detrás  del muro…?

Recorrer el Malecón desde La Punta hasta el parque Maceo este domingo inaugural fue una verdadera fiesta. La gente salió a “gozar la Bienal”, a ver, preguntar, oler, tocar, en fin, participar, tomar parte, ser parte… de este arte que, bajo un acertado principio curatorial, se ha volcado a las calles de la ciudad. Por eso no era raro ver a familias enteras, abuelas con sus nietos, parejas tomadas de las manos, compartiendo el espacio con los artistas, con Premios Nacionales de Literatura como Nancy Morejón y Reynaldo González, el crítico Gerardo Mosquera ­–que tanto influyó en la legitimación del arte joven de los 80–, la musicóloga Miriam Escudero, o el viceministro de Cultura Fernando Rojas, que caminaba raudo en una dirección u otra, siempre sonriente y con un teléfono adosado al oído que lo hacía parecer protagonista de una performance más.

Al doblar de Prado hacia Malecón, recibí la primera sorpresa. ¿Esa luminaria siempre estuvo ahí? El grupo de fisgones me confirmó que no, que era una “obra de la Bienal”, y me encontré con Árbol de luz, de Rafael Villares, conformada por luminarias de 15 países listados al pie, y que el transeúnte se entretiene en atribuir a su antojo. Villares, acompañado de sus padres, esposa, y hasta de su bebita, respondía preguntas y aseguraba con picardía que no casar lámaparas-países había sido intencional, y lo dejaba a la imaginación del público.

Al frente, en el parquecito de La Punta, para su Stella Florencio Gelabert implantó en espejos 60 troncos de árboles cortados y quemados, como para remover patrones estéticos establecidos y sacudir nuestro automatismo. Cruzando la calle (esto es un zigzag interminable), Glexis Novoa ha llenado, en El vacío (La Habana), las columnas sobrevivientes de una ruina, con exquisitos dibujos en miniatura, que uno se deleita en buscar y descifrar, mientras alguien ejecuta en vivo pasajes del adagio del segundo acto de El lago de los cisnes.

Que algunas piezas estén sin identificar no resta (tal vez suma) placer a la ronda. El aquel bronce casi fantasmagórico, labrado de caracoles, tiene que ser de Manuel Mendive, pero  ¿de quién serán esas extrañas formas marinas hechas a base de guantes anaranjados? ¿O aquella tela sujeta con cintas azules, que dos jóvenes tejen, peligrosamente, en una estructura metálica? ¿O esas delicadas formas blancas “sembradas” en brillante superficie? ¿O el juego de “palitos chinos” con símbolos de Cuba y Estados Unidos? Hay altos miradores como de salvavidas desde los cuales quienes se atreven a subir la vertical escala de madera pueden otear el horizonte como un viejo vigía en su velero. Hay un inmenso y abigarrado secretaire plagado de gavetas imposibles de abrir guardando secretos imposibles de develar. Hay un zapato de mujer gigante, de alto tacón y puntera abierta, por cuyo interior se deslizan los niños como en las canales de los parques de diversión.

Roberto Fabelo nos regala Delicatessen, una olla gigante pinchada en toda su superficie por infinidad de tenedores que le dan a la obra un aspecto erizado y repelente. Sin embargo, luego de la primera impresión, los paseantes se acercan, tocan, intentan ver el interior del recipiente a través de los agujeros. A juzgar por los espacios vacíos que se ven ya en algunos puntos, alguno que otro ha querido llevarse a casa un tenedor como recuerdo.

Resaca, de Arlés del Río, está tan bien acomodada en su lugar, que de primer momento uno apenas repara en cuán insólita resulta una playa, con arena, sombrillas, mesitas y tumbonas, en un recodo del Malecón. Y lo mejor, es que en las tumbonas algunos descansan de la caminata, y otros se han instalado en sillas y mesitas con cervezas, equipos de música, gorras, pamelas… como si estuvieran en Varadero, con el secreto deseo de que la instalación se quede allí para siempre; mientras, Balance cubano, de Inti Hernández, invita también al descanso y al displicente chachareo en cómodos sillones.

Otro que llama poderosamente la atención es el Cubo azul de Rachel Valdés Camejo. En su interior, el juego del color, la transparencia y los espejos ofrecen una perspectiva totalmente distinta de la ciudad y del mar. Entrar  y volver a salir supone un viaje fantástico que todos quieren emprender. Tal vez por eso se hacen largas filas en las que niños y adultos esperan su turno para penetrar en este raro paraíso azul.
Más adelante, me “cuelo’ entre los mirones que mueven la cabeza de un lado a otro descubriendo la doble imagen de las fotos lenticulares de Goteo, ingeniosa pieza de Ernesto y Javier Fernández. “Tía, fíjese bien, que esto tiene su truquito”, me aconseja un joven en short, chancletas y cerveza en mano. ¿Ya habrá escrito su mensaje en Love Is Calling You, de Manuel Hernández Cardona, una buena oportunidad de “grafitear” a la vista de todos?

Los más chicos se divierten trepando, deslizándose, correteando, sin la consabida advertencia materna de “no se toca”, hasta llegar al delirio en la esperada pista de patinaje sobre hielo de Duke Riley en La esquina fría (Malecón y Belascoaín). Entran tímidos, hasta un poco temerosos, pero enseguida se deslizan, tropiezan, se caen, se ríen… ¡es la felicidad con cara de niño!

De la acera del mar, atalayas, torres, miradores y hasta un telescopio, invitan a escrutar el horizonte. ¿Que habrá más allá del muro? En la calle, un travesti con facha de bailarina de Tropicana se mueve entre los transeúntes; del otro lado, una figura asexuada vestida de rojo, inmóvil, se deja observar. Más adelante, un hombre borda pañuelos; pensé que era un “espontáneo” y luego alguien me comentó que se trataba de Ricardo Rodríguez, quien bordaba pañuelos con sus cabellos (dejados crecer durante 30 años), y los regalaba, pero ya estaba demasiado cansada para volver sobre mis pasos.

Un alegre y colorido tenderete llamaba la atención de cuantos pasaban y trataban de mirar por cualquier hendija qué había dentro; una niña, con la mirada llena de luz, me susurró: “Cuando está abierta, regalan juguetes”.

Frente al parque Maceo, punto final (o inicial, según la dirección que se elija) del “muro de Juanito”, hay una pieza impresionante: dos arcos cuyas flechas convergen, sin que se vean las puntas, solo el astil y el emplumado. Un señor pasadito de años, probablemente editor o diseñador, comentó a su compañera: “Esa debería ser la cubierta del libro que se haga sobre las futuras relaciones de Cuba y Estados Unidos”. Opuestos, de Kadir López y Enrique Valdés, con sus infinitas sugerencias, es un espléndido punto de llegada o de partida para aventurarse en esta exhibición ante, sobre, tras el muro.

Junio 2015 Este Articulo forma parte del What’s On La Habana de junio 2015 La principal guÍa cultural y turÍstica de La Habana Descargue nuestro último número de What’s On La Habana, la guía de viajes, cultura y entretenimiento más completa acerca de todo lo que está ocurriendo en La Habana, la animada y enigmática capital de Cuba. Incluimos artículos de todas partes de Cuba escritos por los mejores autores internacionales de viajes y cultura especializados en el tema Cuba. Nuestra revista digital mensual en línea está disponible también en inglés y francés


What’s On Havana What’s On La Habana What’s On La Havane June, 2015
English version
Junio, 2015
Versión Español
Juin, 2015
Version Francais
  Free Download   Descarga Gratuita   Telechargement Gratuit

This slideshow requires JavaScript.